Entre cerchas es un proyecto multiusos ubicado en Madrid que nace del gusto personal del cliente y de las múltiples referencias surgidas durante el diálogo creativo con él, tomando como principales inspiraciones el Movimiento Moderno español, el Mid-Century y la tradición castellana.
El proyecto se asienta en una antigua nave industrial de los años 30 que, décadas más tarde, en los años 50, fue complementada con la construcción de un edificio de viviendas para uso propio de los herederos del inmueble, dejando el acceso a la nave a través del local comercial. De este modo, la nave queda escondida desde la vista de la calle, convirtiéndose en un espacio oculto que se descubre progresivamente.
Desde el inicio del proyecto se buscó dotar de flexibilidad a la primera parte del local, permitiendo el uso exclusivo de una zona mientras el resto de la superficie pudiera cederse a rodajes o a encuentros con amigos. Por este motivo, el color y la materia se convierten en los elementos que articulan los espacios, separando lo íntimo de lo público y permitiendo múltiples usos sin renunciar a la identidad del lugar.
La entrada funciona como un portal que debía conjugar varios accesos simultáneamente: el acceso desde la calle, desde el edificio de viviendas, la entrada a la habitación privada del cliente y el acceso a la parte cinematográfica del proyecto. La ubicación de la habitación responde a la independencia buscada para este uso respecto al resto del conjunto. Completamente ligada al exterior, es el espacio donde la tradición castellana deja una huella más evidente, proyectándose la cama y las mesillas de noche en fábrica de ladrillo. Asimismo, se recupera la herencia de las celosías para aportar una intimidad de carácter árabe que filtra la luz y ordena la fachada original, incorporándose además un ventanal superior que amplía la sensación espacial y permite la ventilación cruzada cuando es necesaria.
En el salón se busca sacar a la luz los materiales originales de la construcción del edificio, conservando las estructuras propias del enclave, e integrando una zona de biblioteca y librería que permite que el coleccionismo del cliente dé la bienvenida al espacio. La cocina, integrada en el salón, se concibe como un espacio abierto que al mismo tiempo puede esconderse, reforzando así la flexibilidad de usos no solo del propio espacio, sino del conjunto del proyecto. De esta manera, al diluir la percepción de la cocina-salón como tal, el espacio puede no clasificarse estrictamente como vivienda.
El patio se organiza manteniendo el eje visual que atraviesa todo el proyecto, desde la entrada hasta el salón, el acceso a la nave y el final de la misma, convirtiéndose en un espacio bisagra entre lo industrial y lo doméstico. Este diálogo se construye a través de la materialidad, rescatando los huecos originales de la nave y abriendo nuevos huecos hacia el salón que dejan entrever la lámina de agua y la alberca, elementos que refrescan el ambiente y enriquecen la experiencia espacial.
Por último, la nave se plantea como el espacio más versátil del conjunto, sin un uso predefinido, capaz de albergar una posible cocina, un baño y un altillo. Se decide aprovechar el espacio en toda su profundidad, reservando el tramo final para estos usos y disminuyendo la cota hasta donde la cimentación original lo permite. El ritmo de las cerchas de hormigón prefabricado se utiliza como herramienta para organizar la distribución y alternar las entradas, reforzando el carácter estructural y espacial del lugar.