La reforma se ubica en la calle de Ribera de Curtidores, protagonista cada domingo de uno de los planes más castizos de la ciudad, el Rastro.
Cuenta la historia que el mercadillo toma nombre del antiguo rastro que dejaban las pieles de las reses que eran utilizadas por los Curtidores instalados en esta calle.
El edificio es una construcción histórica del año 1880, típica por sus tres alturas y bajo cubierta, siendo la primera planta más alta que las demás. Construida a partir de muros de carga paralelos a la fachada principal y la fachada trasera, la reforma aprovecha las tres crujías que se generan entre ellas. Estas tres crujías se utilizan para distinguir los tres momentos en los que se configura la vida en el hogar. Es la apertura de estos espacios y el cuidado de la distribución de los mismos lo que requiere de más mimo al iniciar el proyecto.
Come, disfruta y ama.
Come:
Es el eje central de la casa, a través del cual se filtra lo que ocurre en las otras dos estancias. Quien dice una cerveza o un vino, dice un cocido. Organizada de forma simétrica respecto a la isla, los esfuerzos se centran en no elevar la altura de los muebles para seguir acompañando las comidas de la medianera de ladrillo original de la casa. Al otro lado, una larga mesa blanca que intenta aportar luz a la zona más oscura.
Disfruta:
La vida está hecha para disfrutar, tanto sin hacer nada en el sofá, trabajando en lo que te apasiona o siendo el vecino del visillo los domingos de rastro.
Se atiende a dejar los tres balcones hacia el salón sin ningún tipo de partición, conservando molduras, rosetones y radiadores originales.
Ama:
Lo primero en la vida y al llegar a la casa, cuidarse uno mismo y amarse en pareja.
Se diseña una habitación donde la cama y el lavabo articulan los recorridos con una celosía que recuerda al mundo natural para proporcionar intimidad a la zona de la ducha. También, se aprovecha el pasillo distribuidor de la casa para introducir un aseo de invitados. Sin duda, el replanteo de esta crujía fue la parte más compleja durante el proceso de obra.
A nivel de materialidad, todo el espacio es presidido por una gran carpintería roja inspirada en muchos de los cierres de la ciudad y los ventanales de Galerías Piquer. Además, se procura conservar el máximo elementos originales como molduras, puertas, cristales de puertas, tiradores, manetas y 2 radiadores. Se rescata tanto el ladrillo de medianera, los pies derechos de los muros de carga, como los restos de las antiguas pinturas que tuvo la casa. A esta estética se incorporan las instalaciones vistas, cobre visto para fontanería y cables trenzados para los interruptores.
A nivel cromático cada uso cuenta con una tonalidad distinta, marcándola con cerámica Seville craquelada. Cerámica Blanca para habitación y radiadores verde oscuro, cerámica verde oscuro para la cocina y radiadores verde, cerámica caramelo y radiadores en rojo. El resultado es un proyecto ecléctico donde se combinan elementos industriales, Space Age y rústicos entre otros.